Cómo Corea entiende la infancia, más allá de las aulas.
- El diario cultural

- hace 3 días
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Escrito por: Melissa Drime Tijuana, Baja California, México
Cuando pensamos en Corea, es común imaginar un sistema educativo exigente, largas horas de estudio y un fuerte compromiso con el rendimiento académico. Como maestra de preescolar, esa también era la imagen que tenía. Sin embargo, mientras investigaba sobre la educación infantil coreana, encontré algo que despertó mi curiosidad: la infancia en Corea parecía ocupar un lugar mucho más amplio que el salón de clases.
Mientras buscaba información, esperaba encontrar principalmente estudios sobre el rendimiento académico y la exigencia escolar. En cambio, una y otra vez aparecían referencias al juego, al bienestar infantil y a iniciativas que buscaban favorecer el desarrollo integral de los niños. Ese contraste me hizo detenerme y formularme una pregunta: ¿cómo entiende realmente Corea la infancia durante los primeros años de vida? Quería descubrir si, además del aprendizaje académico, existían acciones que reflejaran una forma distinta de acompañar el crecimiento de los niños.
A medida que profundizaba en el tema, comprendí que la respuesta no estaba en un solo programa educativo, sino en una visión más amplia sobre los primeros años de vida. Uno de los ejemplos que encontré fue el Currículo Nuri, implementado por el Ministerio de Educación de Corea en 2013 para niños de entre tres y cinco años. Más que centrarse únicamente en contenidos académicos, este programa busca favorecer el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social, reconociendo que la infancia es una etapa clave para el crecimiento integral de cada niño.

Lo que más llamó mi atención fue descubrir que esa visión no termina cuando los niños salen de la escuela. Al continuar investigando encontré iniciativas impulsadas junto con UNICEF para promover Ciudades Amigables con la Infancia, donde los espacios públicos, las políticas y la participación comunitaria buscan contribuir al bienestar de los niños. Fue entonces cuando comprendí que, en este enfoque, la educación también puede construirse fuera del aula.
Como docente, esta idea me hizo reflexionar sobre el papel que tienen los distintos espacios en el desarrollo infantil. Aprender no significa únicamente adquirir conocimientos; también implica convivir, jugar, explorar el entorno y sentirse parte de una comunidad. Descubrir esa perspectiva me permitió mirar la educación desde un ángulo diferente.

Por supuesto, Corea también enfrenta desafíos relacionados con la presión académica y las altas expectativas escolares, una realidad ampliamente conocida al hablar de su sistema educativo. Sin embargo, conocer estas iniciativas me permitió comprender que, al mismo tiempo, también existe un esfuerzo por impulsar políticas orientadas al bienestar de la infancia y al desarrollo integral durante los primeros años de vida.
Cuando inicié esta investigación pensaba que entender la educación en Corea significaba conocer uno de los sistemas académicos más exigentes del mundo. Al terminarla, comprendí que también implicaba descubrir cómo una sociedad busca crear espacios donde la infancia pueda jugar, convivir, desarrollarse y sentirse acompañada.
Más que encontrar un modelo perfecto, encontré una forma distinta de entender el papel que la infancia ocupa dentro de una sociedad. Como maestra mexicana, esa fue la reflexión más valiosa que me dejó esta investigación: la manera en que un país cuida, escucha y acompaña a sus niños también habla de los valores y del futuro que desea construir.

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