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Chuseok y el Día de Muertos: dos formas de no olvidar.

Foto del escritor: El diario cultural
El diario cultural
22 sept
3 min de lectura

Escrito por: Martha Chávez

México.


Mesa ritual (charye-sang) preparada para la ceremonia charye, en la que las familias coreanas honran a sus ancestros durante Chuseok con arroz de la nueva cosecha y platillos tradicionales. (Foto: KOREA.NET, vía Flickr)
Mesa ritual (charye-sang) preparada para la ceremonia charye, en la que las familias coreanas honran a sus ancestros durante Chuseok con arroz de la nueva cosecha y platillos tradicionales. (Foto: KOREA.NET, vía Flickr)

Cada año, cuando en México empezamos a preparar las ofrendas para el Día de Muertos, en Corea las familias se alistan para Chuseok, una de sus festividades más importantes. Este año la fiesta cae el 25 de septiembre, con el periodo festivo del 24 al 26, y aunque llegan en fechas distintas del calendario y con símbolos muy diferentes, mientras más leo y aprendo sobre Chuseok como reportera, más veo en ella un espejo de nuestras propias tradiciones mexicanas.

Una fiesta de cosecha y memoria

Chuseok, también conocido como Hangawi, se celebra el día 15 del octavo mes del calendario lunar. Es, ante todo, una fiesta de gratitud por la cosecha del año y de memoria hacia los ancestros. Tradicionalmente, las familias preparan comida con granos y frutas recién cosechadas, elaboran songpyeon (pastelillos de arroz en forma de media luna) y realizan una ceremonia conmemorativa conocida como charye frente a sus antepasados, colocando en la mesa el arroz de la nueva cosecha. En el pasado, la festividad también incluía artes escénicas y juegos tradicionales como el ganggangsullae —una danza circular femenina que se baila bajo la luna llena— y el jegichagi, según describe la Organización de Turismo de Corea (KTO) en su sitio oficial VisitKorea.

Hoy en día, la manera de celebrar ha evolucionado. Muchos coreanos viajan a sus ciudades de origen para reunirse con la familia, lo que satura carreteras, trenes y aeropuertos durante estos días; otros aprovechan el descanso para viajar por placer o simplemente relajarse.

El espejo mexicano

Al leer sobre el charye —la ceremonia en la que las familias coreanas colocan comida frente a sus ancestros para agradecerles y recordarlos— no pude evitar pensar en la ofrenda que mi familia monta cada año en Michoacán. El 1 de noviembre pasado, como cada año, colocamos las fotografías de nuestros difuntos —familiares, amigos y hasta mascotas que ya no están— junto con sus comidas y bebidas favoritas, y adornamos todo con papel picado y flores de cempasúchil. No es un altar genérico ni una simple decoración: cada objeto ahí está porque le perteneció o le gustó a alguien en particular. Imagino que algo parecido ocurre cuando una familia coreana elige qué fruta de la cosecha o qué platillo pondrá frente a sus propios ancestros para el charye: no es cualquier comida, es la comida que ellos habrían disfrutado.


Altar tradicional de Día de Muertos en México, decorado con flores de cempasúchil y ofrendas. (Foto: Roger Ce / Unsplash)
Altar tradicional de Día de Muertos en México, decorado con flores de cempasúchil y ofrendas. (Foto: Roger Ce / Unsplash)

También encuentro un paralelismo en el peso que ambas culturas le dan al regreso a casa. Así como Chuseok mueve a millones de coreanos de vuelta a sus pueblos natales, en México muchas familias hacen lo mismo en las fechas cercanas a Día de Muertos, para limpiar las tumbas y reunirse alrededor de la mesa junto al altar. La cosecha, los ancestros y la familia parecen ser, en ambas culturas, las tres coordenadas alrededor de las cuales gira el otoño.

Aunque nunca he vivido un Chuseok en persona, cada vez que leo sobre las familias coreanas reuniéndose para el charye o cocinando songpyeon juntas, pienso en las tardes que paso ayudando a montar la ofrenda de mis propios difuntos. Me gustaría, algún día, sentarme a esa mesa coreana igual que me siento frente a nuestro altar cada noviembre: no para comparar quién extraña más o mejor, sino para entender de cerca ese mismo gesto de gratitud que ya reconozco de lejos.

Dos culturas, un mismo gesto

Lo que más me llama la atención de Chuseok, viéndolo desde México, es que agradecer la cosecha y recordar a los ancestros no son actos separados: son la misma manera de decir "gracias por lo que tenemos y por quienes nos lo dieron". Es un recordatorio de que, aunque Corea y México estén a más de 13 mil kilómetros de distancia, compartimos gestos muy parecidos para no olvidar de dónde venimos.

Este Chuseok, mientras las familias coreanas preparen songpyeon y hagan reverencia ante sus ancestros, en México ya empezaremos a pensar en las flores de cempasúchil que pronto adornarán nuestros altares. Dos culturas, dos calendarios, pero un mismo gesto: mirar hacia atrás para agradecer.


Campo de girasoles y flores de cempasúchil en Michoacán, México, fotografiado el 1 de noviembre de 2025; el cempasúchil es la flor que guía tradicionalmente a las almas durante el Día de Muertos
Campo de girasoles y flores de cempasúchil en Michoacán, México, fotografiado el 1 de noviembre de 2025; el cempasúchil es la flor que guía tradicionalmente a las almas durante el Día de Muertos


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